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Salem y el mito de las brujas quemadas: la verdadera historia de las cazas de brujas

21 jul
10 min de lectura

Cada vez que se habla de Salem, es común imaginar enormes hogueras donde supuestas brujas eran quemadas vivas. La escena aparece una y otra vez en películas, novelas, series e incluso en publicaciones educativas. Sin embargo, la realidad histórica es muy diferente.

Ninguna persona fue quemada durante los Juicios de Salem.

Este es uno de los mitos más extendidos sobre la historia de la brujería y un excelente ejemplo de cómo la memoria popular puede terminar reemplazando a los hechos históricos.


¿Qué ocurrió realmente en Salem?

Los llamados Juicios de Salem ocurrieron entre 1692 y 1693 en la entonces Provincia de la Bahía de Massachusetts, una colonia inglesa en Norteamérica profundamente influenciada por el puritanismo.

Todo comenzó cuando varias niñas afirmaron sufrir extraños ataques físicos y acusaron a diferentes vecinos de haberlas embrujado.

En una sociedad donde la existencia del Diablo era considerada un hecho indiscutible, aquellas acusaciones desencadenaron un proceso judicial que rápidamente escapó de todo control.

Durante poco más de un año:

  • Más de 200 personas fueron acusadas de practicar brujería.

  • Aproximadamente 150 fueron encarceladas.

  • 20 personas fueron ejecutadas.

  • Varias más murieron en prisión antes de ser juzgadas.

Lo importante es entender cómo ocurrieron esas muertes.


¿Cómo fueron ejecutadas las víctimas?

Contrario a la creencia popular:

Nadie fue quemado en Salem.

Las ejecuciones fueron las siguientes:

Diecinueve personas fueron ahorcadas

Entre ellas:

  • Bridget Bishop

  • Sarah Good

  • Rebecca Nurse

  • Martha Corey

  • George Burroughs

  • John Proctor

  • Martha Carrier

  • Giles Eastey

  • Mary Eastey

  • Samuel Wardwell

y otros acusados.

Todos fueron llevados a Gallows Hill, donde fueron colgados públicamente.

Giles Corey murió aplastado

Uno de los casos más famosos fue el de Giles Corey, un agricultor de aproximadamente 80 años.

Corey se negó a declararse culpable o inocente.

Según la legislación inglesa, sin una declaración el juicio no podía continuar.

Como método para obligarlo a hablar, fue sometido al castigo conocido como peine forte et dure.

Le colocaron una tabla sobre el pecho.

Luego comenzaron a añadir piedras cada vez más pesadas.

Durante dos días resistió sin declararse.

La tradición sostiene que sus últimas palabras fueron:

"More weight."

("Más peso.")

Murió el 19 de septiembre de 1692.


Varias personas fallecieron en prisión

Las cárceles coloniales eran lugares extremadamente insalubres.

Frío.

Hambre.

Enfermedades.

Falta de atención médica.

Algunos acusados nunca llegaron siquiera a enfrentar un juicio porque murieron encarados antes.


Entonces... ¿de dónde salió la idea de las hogueras?

La respuesta está en Europa.

Durante los siglos XV al XVII, distintas regiones europeas desarrollaron enormes persecuciones por supuesta brujería.

Pero incluso allí existe otro mito importante:

No todas las personas acusadas eran quemadas.

El método de ejecución dependía de las leyes de cada territorio.


Las grandes cazas de brujas europeas

Las persecuciones alcanzaron su mayor intensidad aproximadamente entre 1450 y 1750, coincidiendo con un periodo de profundas transformaciones religiosas, políticas y sociales.

Europa vivía:

  • guerras religiosas

  • epidemias

  • malas cosechas

  • conflictos entre católicos y protestantes

  • cambios económicos

  • temor al demonio.

En ese contexto surgió la idea de una gran conspiración satánica.

Se creía que las brujas:

  • hacían pactos con el Diablo

  • provocaban tormentas

  • enfermaban al ganado

  • causaban esterilidad

  • mataban niños

  • destruían cosechas.

Hoy sabemos que estas creencias reflejaban los miedos y tensiones de la época más que hechos comprobables.


¿Qué países realizaron más persecuciones?

Contrario a lo que suele pensarse, la mayor parte de las ejecuciones no ocurrió en Inglaterra ni en Estados Unidos.

Los territorios con mayor número de procesos fueron:

  • Sacro Imperio Romano Germánico (actual Alemania y zonas vecinas)

  • Suiza

  • Francia

  • Escocia

  • Polonia

  • Hungría

  • Algunas regiones de Italia

  • Países Bajos

En muchas zonas germánicas las persecuciones fueron especialmente intensas.

Algunas aldeas llegaron a perder una gran parte de su población adulta debido a los juicios.


¿Cuántas personas fueron ejecutadas?

Las investigaciones actuales estiman aproximadamente:

  • entre 90.000 y 100.000 acusaciones por brujería en Europa

  • alrededor de 40.000 a 60.000 ejecuciones, según el periodo y las fuentes utilizadas.

Las cifras antiguas que hablaban de "millones de brujas asesinadas" no cuentan con respaldo documental y hoy son rechazadas por la mayoría de los historiadores.


¿Las quemaban siempre?


NO


Este es otro mito muy difundido.

Las formas de ejecución variaban considerablemente.

En distintos lugares encontramos:

  • hoguera

  • ahorcamiento

  • decapitación

  • estrangulamiento previo a la quema

  • prisión hasta la muerte.

En muchos territorios protestantes predominó el ahorcamiento.

En diversos territorios católicos era más frecuente la hoguera, aunque incluso allí existían numerosas excepciones.

No existió un único método universal.


¿Por qué quemarlas?

Cuando se utilizaba la hoguera, esta tenía un profundo simbolismo religioso.

El fuego era entendido como un medio de purificación.

También buscaba evitar que el cuerpo pudiera convertirse en objeto de veneración o culto.

En algunos lugares, la persona era estrangulada antes de prender la hoguera para reducir el sufrimiento; en otros casos, era quemada viva.

Las prácticas variaban considerablemente según la región y la legislación local.


¿Quiénes eran las personas acusadas?

Existe otra idea muy extendida:

"Solo perseguían mujeres sabias o curanderas."

La realidad fue mucho más compleja.

Aproximadamente entre el 75 % y el 80 % de las personas acusadas fueron mujeres, aunque miles de hombres también fueron procesados y ejecutados.

Entre los acusados había:

  • campesinos

  • viudas

  • comadronas

  • propietarios de tierras

  • artesanos

  • sacerdotes

  • mendigos

  • ancianos

  • niños

  • hombres con cargos públicos.


No existía un único perfil.

En muchos casos bastaba con:


  • tener mala reputación

  • ser una persona conflictiva

  • poseer tierras codiciadas

  • vivir sola

  • ser extranjera

  • padecer alguna enfermedad

  • tener conflictos con los vecinos


¿Qué pruebas utilizaban?

Desde una perspectiva moderna, muchas de las "pruebas" resultan sorprendentes.

Entre ellas:

  • testimonios de vecinos

  • sueños

  • visiones

  • confesiones obtenidas bajo presión

  • supuestas marcas del Diablo

  • acusaciones de niños

  • "pruebas espectrales", donde alguien afirmaba haber visto el espíritu del acusado atacándolo.

En Salem, precisamente, el uso de las llamadas pruebas espectrales fue uno de los elementos más controvertidos y posteriormente desacreditados.


¿Por qué terminaron las persecuciones?

Poco a poco comenzaron a surgir numerosas críticas.

Juristas, médicos y algunos teólogos empezaron a cuestionar la validez de las pruebas.

La Ilustración promovió una visión más racional del derecho y de la evidencia.

Con el paso del tiempo, muchos gobiernos prohibieron los juicios por brujería.

En Salem, el propio gobierno colonial reconoció años después que se habían cometido graves errores judiciales.

Algunas condenas fueron anuladas póstumamente y varias familias recibieron compensaciones económicas.


¿Qué nos enseña Salem?

Quizá la lección más importante es que Salem nunca trató realmente sobre magia.

Fue una historia de:

  • miedo colectivo;

  • fanatismo religioso;

  • rumores;

  • conflictos familiares;

  • intereses políticos;

  • disputas económicas;

  • utilización del sistema judicial para resolver problemas personales.

La mayoría de los acusados jamás practicó aquello de lo que se les acusaba.

Salem se convirtió en un ejemplo clásico de pánico moral, un fenómeno estudiado por la sociología y la antropología en el que una sociedad identifica a un grupo como amenaza y termina justificando su persecución.

Más que la historia de unas "brujas", Salem es la historia de cómo el miedo puede destruir una comunidad.


Las imágenes de mujeres ardiendo en enormes hogueras pertenecen principalmente al imaginario construido a partir de distintos episodios europeos y, más tarde, reforzado por la literatura y el cine. Al mezclarse con los Juicios de Salem, nació uno de los mitos históricos más persistentes de la cultura popular.

Conocer estos hechos no solo corrige un error frecuente; también nos recuerda la importancia de analizar las fuentes históricas y comprender el contexto antes de aceptar una imagen repetida miles de veces.

La historia, cuando se estudia con rigor, suele ser mucho más compleja e interesante que los mitos.


¿Realmente murieron nueve millones de brujas? El origen de uno de los mitos históricos más repetidos


"Durante la caza de brujas fueron asesinadas nueve millones de mujeres."


Es una cifra que aparece constantemente en redes sociales, documentales, publicaciones esotéricas e incluso en algunos libros. Se utiliza para dimensionar el horror de las persecuciones por brujería y, aunque parte de una intención comprensible, no está respaldada por la evidencia histórica.

Lejos de minimizar la tragedia, conocer las cifras reales nos permite comprender mejor qué ocurrió, quiénes fueron las víctimas y por qué este mito terminó convirtiéndose en uno de los más difundidos sobre la historia de la brujería.


¿De dónde salió la cifra de nueve millones?

La respuesta es sencilla: no proviene de los archivos históricos.

La cifra comenzó a popularizarse a finales del siglo XIX gracias a dos autores muy influyentes en su época:

  • Matilda Joslyn Gage, activista sufragista estadounidense, quien en Woman, Church and State (1893) utilizó cifras muy elevadas para denunciar la persecución histórica contra las mujeres.

  • Gottfried Christian Voigt, un escritor alemán del siglo XVIII que había realizado cálculos especulativos sin acceso a registros completos y extrapoló cifras durante varios siglos.

Décadas más tarde, algunos movimientos espirituales, neopaganos y feministas retomaron ese número como un símbolo del sufrimiento femenino durante la Edad Moderna. Sin embargo, conforme avanzó la investigación histórica y se estudiaron miles de documentos judiciales conservados en archivos europeos, quedó claro que aquella estimación no era sostenible.

Hoy, prácticamente ningún historiador especializado en la caza de brujas considera válida la cifra de nueve millones.


Entonces, ¿cuántas personas fueron realmente acusadas?

Gracias al trabajo de investigadores que han revisado procesos judiciales en archivos de toda Europa, hoy contamos con estimaciones mucho más precisas.

La mayoría de los estudios coinciden en que entre los siglos XV y XVIII hubo aproximadamente:

  • 90.000 a 100.000 personas acusadas de brujería.

  • Entre 40.000 y 60.000 ejecuciones, dependiendo de los criterios utilizados para el conteo.

Aunque el margen varía ligeramente entre autores, existe un amplio consenso en que las cifras se encuentran dentro de ese rango y no en millones.

Lejos de ser un número "pequeño", hablamos de decenas de miles de vidas destruidas por acusaciones basadas en el miedo, la superstición y la intolerancia.


¿Por qué durante tantos años se creyó en los nueve millones?

Existen varias razones.

En primer lugar, durante siglos no existieron bases de datos ni investigaciones comparativas entre países. Muchas regiones perdieron archivos o nunca llevaron registros completos.

Además, las cifras elevadas tenían un enorme impacto emocional y ayudaban a transmitir la gravedad de las persecuciones. Con el tiempo fueron repitiéndose una y otra vez sin comprobar su origen.

Internet hizo el resto.

Una vez que un dato aparece en miles de páginas web, suele percibirse como verdadero, aunque todas estén copiando la misma información errónea.


¿Quiénes fueron las víctimas?

Existe otra idea muy extendida: que todas las personas acusadas eran mujeres.

La realidad también es más compleja.

Aproximadamente entre el 75 % y el 80 % de las personas procesadas fueron mujeres, pero entre un 20 % y un 25 % fueron hombres.

En algunos lugares, como Islandia o partes de Finlandia y Estonia, incluso hubo más hombres acusados que mujeres.

Esto demuestra que las persecuciones no siguieron un patrón idéntico en toda Europa.


¿Por qué las mujeres fueron las principales acusadas?

La explicación combina factores religiosos, sociales, culturales y jurídicos.

Durante la Edad Moderna existía una visión profundamente patriarcal de la sociedad.

Muchos teólogos y juristas consideraban que las mujeres eran más susceptibles a las tentaciones del Diablo por ser vistas como emocionalmente más débiles o moralmente más inestables.

El tratado Malleus Maleficarum (1487), uno de los textos demonológicos más influyentes de la época, afirmaba explícitamente que las mujeres eran más propensas a convertirse en brujas.

Sin embargo, esa idea reflejaba los prejuicios de su tiempo y no una realidad objetiva.


¿Qué tipo de personas eran acusadas?

No existía un único perfil.

Entre los acusados encontramos:

  • campesinos

  • artesanos

  • comadronas

  • viudas

  • ancianos

  • sacerdotes

  • comerciantes

  • nobles

  • niños

  • mendigos.

Muchas veces bastaba con ser diferente, tener conflictos con los vecinos o vivir en una comunidad atravesada por el miedo.

En ocasiones, las acusaciones surgían después de una mala cosecha, la muerte repentina de un niño, enfermedades del ganado o disputas por herencias y propiedades.


¿En qué lugares hubo más persecuciones?

Aunque suele pensarse en Francia o Inglaterra, las regiones con mayor número de procesos fueron los territorios del antiguo Sacro Imperio Romano Germánico, especialmente lo que hoy corresponde a Alemania.

También hubo importantes persecuciones en:

  • Suiza.

  • Francia.

  • Escocia.

  • Polonia.

  • Hungría.

  • Bohemia.

  • Países Bajos.

  • Algunas regiones de Italia.

Por el contrario, España, Portugal e Italia (a pesar de contar con la Inquisición) registraron proporcionalmente menos ejecuciones por brujería de las que suele imaginarse. En muchos casos, los tribunales inquisitoriales exigían pruebas más estrictas que algunos tribunales civiles del norte de Europa, lo que redujo el número de condenas a muerte.


¿Por qué comenzaron las cazas de brujas?

No existe una única causa.

Los historiadores señalan una combinación de factores:

  • crisis económicas

  • epidemias

  • guerras religiosas

  • malas cosechas

  • cambios climáticos durante la llamada Pequeña Edad del Hielo

  • conflictos políticos

  • tensiones entre católicos y protestantes

  • creencias demonológicas

  • miedo colectivo.

Cuando una comunidad atravesaba momentos difíciles, era frecuente buscar un responsable.

Las personas acusadas de brujería se convertían en el chivo expiatorio perfecto.


¿Cómo terminaron las persecuciones?

A partir del siglo XVII comenzaron a surgir importantes críticas.

Juristas cuestionaron la legalidad de las confesiones obtenidas bajo tortura.

Médicos ofrecieron explicaciones naturales para fenómenos antes considerados sobrenaturales.

Filósofos ilustrados defendieron la necesidad de pruebas racionales antes de condenar a alguien.

Poco a poco, los gobiernos europeos derogaron las leyes sobre brujería y las ejecuciones desaparecieron.

La última ejecución por brujería en Europa occidental ocurrió en 1782, cuando Anna Göldi fue decapitada en Suiza tras un proceso ampliamente considerado injusto. Hoy es recordada como una de las últimas víctimas de la persecución por brujería.


¿Importa realmente corregir la cifra?


SI


Porque la historia no necesita exageraciones para ser impactante.

Decenas de miles de personas fueron encarceladas, torturadas y ejecutadas por acusaciones basadas en el miedo y la superstición.

Reducir ese episodio a cifras incorrectas puede terminar debilitando la credibilidad de quienes estudian y divulgan la historia.

La verdad histórica no disminuye el horror de las cazas de brujas; al contrario, nos permite comprender con mayor precisión cómo sociedades enteras llegaron a justificar la persecución de personas inocentes.

Conocer los hechos es la mejor forma de honrar la memoria de quienes fueron víctimas de aquellos procesos.


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